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La cobija con olor a luna

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Caminaba con las estrellas iluminando sus días y noches. Algunas veces sentía que el pavimento eran las pequeñas nubes que conducían al sueño que siempre buscaba, que anhelaba; mas no encontraba. En sus manos cargaba su casa, su vida y la de los que alguna vez conoció, sólo vagos recuerdos de papel celofán. Algunas veces los chicles que otros botaban eran los tesoros que se adherían a su andar, haciendo más blanda la miseria que se colaba por los hoyos de sus gastados zapatos, llegando a vestirla y abrigarla de toda esperanza posible. Sin embargo, el brillo de los luceros que envolvían su cabeza se mantenía intacto, era como la flor sobre el basural más inmundo, la huella de barro en el piso limpio. De noche, cuando la oscuridad le negaba la existencia, se sentía a salvo. No tenía la necesidad de cobijarse de nada, de esconderse. Sólo la luna le entregaba ese poder, la facultad de desprenderse de los deseos mundanos que, por ser de todos, ella hacía propios. Quizás esa era s...

Sin Sangre

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En ese pueblo la sangre emanaba de los cultivos, del pasto e impregnaba el aire. Era difícil no sentirse ahogado cuando el oxígeno enrarecido y podrido subía por las fosas nasales, describiendo una nueva trayectoria en los ya enfermos pulmones. Algo de virulento salía de los fetos enterrados, del dolor que cubría la tierra con la que habían sido sepultados. Criaturas tan pequeñas nunca han merecido morir, sobre todo porque dejan sin recambio un mundo en el que todo se transa, todo se abandona, todo se pudre. Los árboles danzaban calmos al son del melodioso viento de primavera, pareciera que fueran los únicos que conservaran la pureza dentro de esa pequeña "Guernica", en la cual la muerte no se veía; más se respiraba, se incrustaba en los brazos, viajando por las venas un torrente de certera decadencia. Por segunda vez al mes se disponía a dejar que el virus se metiera en el túnel de la aguja, pensaba que con su deceso pagaría la cuota que le correspondía por estar vivo. Qué e...

El amuleto estrangulante

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Creía en el poder de los amuletos, según él, tenían el poder de hacer favorable el azar. No sabía si lo que acababa de vivir era producto de una casualidad o a la capacidad de acción del amuleto que llevaba sagradamente en uno de sus bolsillos, éste se había convertido casi en una extensión de su propia piel, tanto que era casi imposible que lo olvidara. El amuleto se enroscaba en su mano cada vez que la depositaba en el pequeño saquillo que engalanaba la parte izquierda de su abrigo. Se aferraba a sus dedos, casi deteniendo la circulación de su sangre, alguna vez pensó que aquel talismán tenía vida propia; algunas otras oía una pequeña voz que le hablaba. Sí, se dijo, esta serpiente blanca será la que ponga en azar de mi lado, qué es la suerte sino algo que manejamos a voluntad. No le gustaba pertenecer a la raza humana, sentía inquina para con los de su género. Sin embargo, la mayoría de las veces, anteponía su condición a cualquier cosa que pudiera pensarse como más poderosa. Si los...

Los colegios no nos sirven a todos? lo patético tras un nuevo 11 de septiembre.

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Bueno, jamás un 11 de septiembre me había tocado tan de cerca. No porque el espíritu reencarnado de Augusto Pinochet haya bajado a la tierra, capturando a algún familiar para ejecutarlo por "pensar distinto". Creo, ahora más firmemente, que hay que temerle más a los vivos que a los muertos, son más peligrosos esos "hombres libres" criados en democracia y fuera de los embates de la terrible dictadura, que los mismos militares. No me gustaría que los milicos salieran a la calle nuevamente (creo que eso representaría una "involución" en nuestro reciente camino como sociedad democrática). Sin embargo, pienso que- de haber salido anoche "sobre sus tanquetas"- el colegio," que tanto esfuerzo costó construir a mi madre junto a muchas otras personas que sí creen en la educación como una puerta abierta para los jóvenes en riesgo social, no habría ardido en llamas. La pena atravesó mi corazón cuando ví en la televisión las noticias. La "tía Rosit...

Sin rumbo???

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No sabía lo que quería; mas buscaba el lugar donde encontrarlo. Vagaba por angulosas esquinas, tratando de encontrar en las puntas de diamante de las calles que intersectaban, caminaba bajo las luces ciegas y las verdes arboledas. Pensaba en lo necesario que era saber donde buscar algo que se quiere, pero, más importante, es saber qué es exactamente lo que se busca. Se preguntó si era un vagabundo sin rumbo, un alma en busca del hilo conductor de su existencia...se dijo que no necesariamente el que vaga lo hace sin un destino, en algún momento, él encontrará su sino o este último lo localizará a él, trayendo con esto la respuesta a su añorada busqueda. Si su razonamiento era lógico, lo que en realidad deseaba era la vida misma, la cotidianeidad escondida tras los pasos que daba en esta selva sin aire, en este cantón de reclutamiento para ciegos del alma, para los sordos de espíritu. No necesariamente odiaba su pasado, por el contrario, buscaba el futuro para darle sentido a esa constru...

Yukio Mishima.

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"What transforms this world is — knowledge. Do you see what I mean? Nothing else can change anything in this world. Knowledge alone is capable of transforming the world, while at the same time leaving it exactly as it is. When you look at the world with knowledge, you realize that things are unchangeable and at the same time are constantly being transformed. You may ask what good is does us. Let's put it this way — human beings possess the weapon of knowledge in order to make life bearable. For animals such things aren't necessary. Animals don't need knowledge or anything of the sort to make life bearable. But human beings do need something, and with knowledge they can make the very intolerableness of life a weapon, though at the same time that intolerableness is not reduced in the slightest. That's all there is to it". The Temple of the Golden Pavilion (1959)

La última niebla.

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" Noche a noche oigo a lo lejos pasar todos los trenes. Veo en seguida el amanecer infiltrar, lentamente, en el cuarto, una luz sucia y triste. Oigo a las campanas del pueblo dar todas las horas, llamar a todas las misas, desde la misa de seis, adonde corren mi suegra y dos criadas viejas. Oigo el aliento acompasado de Daniel y su difícil despertar. Cuando él se incorpora en el lecho, cierro los ojos y finjo dormir.Durante el día no lloro. No puedo llorar. Escalofríos me empuñan de golpe, a cada segundo, para traspasarme de pies a cabeza con la rapidez de un relámpago. Tengo la sensación de vivir estremecida.¡Si pudiera enfermarme de verdad! Con todas mis fuerzas anhelo que una fiebre o algún dolor muy fuerte vengan a interponerse unos días entre mi duda y yo. Y me dije: Si olvidara, si olvidara todo; mi aventura, mi amor, mi tormento. Si me resignara a vivir como antes de mi viaje a la ciudad, tal vez recobraría la paz. " María Luisa Bombal.