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Fotos guardadas.

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Ah!, qué lindo es escuchar; un don que en estos días va en picada; regalo maravilloso que perdió importancia cuando de percepción se trata.

Hoy caminaba con varios ojos en el cuerpo, creo que eso se llama "conciencia urbana", y me detuve en muchos lugares, detalles y cosas que, a pesar de ver todos los días, jamás había mirado con detenimiento.  Una publicidad saltó a mi vista sin que pudiera hacerle el quite, de hecho, me dieron ganas de escribir en ese momento, pero como no tenía papel y lápiz ordené ideas y rogué que se mantuvieran en ese lugar hasta que llegara a casa. Algo quedó y lo combiné con un triste suceso que ocurrió hoy; uno que me dejó con bastante pena y cuestionando cosas.

Creo en la importancia de oír y por eso el siguiente mensaje (que decía algo parecido esto) hizo mella en mí: "Escuchar es el primer paso para salvar vidas". En seguida se me vino a la cabeza el suicidio de Chester Bennington de Linkin Park y me pregunté si la gente que estuvo a s…

T.I.M.E

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Se sentó a mirar como todo pasaba frente a ella. Siempre se sintió más segura resguardada en la comodidad de su pose, con las manos perdidas en el abismo de su falda y las imágenes desfilando por su pupila dilatada. Sólo viendo, sólo sintiendo, sólo dejando... Le agradaba sentir cómo el tiempo se escabullía entre las hebras de su pelo, causando estragos en el reloj de su cuerpo. Porque cada escena que veía significaba minutos que restaba a su existencia. Vivía y moría por otros. Un buen día se casó de estar sólo mirando, de caminar por vidas ajenas y tropezarse en la de ella. Pensó que lo mejor sería tomar bandos, realizar acciones, correr, respirar, vivir. Comenzó con pequeñas cosas, sintiendo satisfacción inmediata, sensación de tarea cumplida y vitalidad recuperada. El poder subió por sus venas y se supo creadora de su propio presente, haciendo con eso mella en el pasado y en el futuro. Vivió algrerías, lloró tristezas y cayó en desesperaciones, pero nada la detenía. Hasta que un …

Abismo quimérico.

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Siempre dormía con la luz de noche encendida. Se sentía segura al pensar que si caía en un sueño muy profundo esa estela sería la que la guiara nuevamente al mundo de los vivos, al mundo en el que los que caminan parecen muertos moviéndose por efecto del viento.
Cerraba los ojos abriendo un abismo en su alma, girando la puerta de su yo reprimido, de su identidad guardada. Creía que si alguien dormía a su lado soñaría sus miedos, las derrotas que la atormentaban y las heridas que aún eran lamidas por sus demonios internos. Por lo mismo siempre estaba sola, temía a enfrentarse con la vasta inmensidad de un ser humano y que éste también colisionara con la de ella, no sabiendo si saldrían airosos.
Se soñó cayendo a un oscuro pozo y, en su inconsciencia,  trataba de asimilar cómo vacíos tan grandes habitan en cuerpos tan pequeños. Era como si otra vida sucediera en un universo paralelo, en donde lo corpóreo no fuera necesario y sólo existieran las sensaciones que dan forma al alma, con el …

Happiness...

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Sólo sintió un puñetazo en su estómago. No supo si la aquejó el dolor, todo fue tan rápido, como un soplo caliente sobre sus entrañas. Siempre supo que la felicidad no era necesariamente gozosa, sino que un espiral doloroso al que se descendía más profundo en la medida de cuánto de ella conquistaras. De momento iba a mitad de camino, tranquila, asumida, pues la tristeza que había sentido toda su vida se cambiaba a un dolor distinto a una escalera más iluminada, pero igual de misteriosa. Se movía con un arma en sus manos, de momento no la quemaba... Brotes de colores comenzaban a salir de su cabello, iba floreciendo a medida que cruzaba puertas y estaciones dentro es esa dimensión oculta en donde los pies no eran necesarios para caminar. Todo era placentero, salvo la sensación de ardor en sus manos, de picazón incontrolable en los dedos. Pasaba por lugares en donde la nieve era encarnada por pétalos de cerezos volando en círculos, formando pájaros de papel de alto vuelo, los que salía…

PRISMA.

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Ya no soportaba esta guerra. Las flores de su vestido se enredaban en las líneas de su corbata, su pintura de labios sellaba la inseguridad de su hombría. No sabía hasta dónde llegaría este sentimiento de odio que albergaba para con su esposa, pero si algo estaba claro es que, tarde o temprano, uno de los dos ganaría la estadía en este mundo.
Se miraban todas las noches en el espejo, haciendo zancadillas mentales a sus respectivos reflejos. Maquinando qué forma sería la más certera para acabar con el otro, para borrarlo del mapa y conquistar la paz individual fragmentada en un hogar múltiple, en el que la luz se quebraba y constituía el caleidoscopio de las sombras. Los vecinos nunca los veían juntos, pero sabían que estaban casados. Es verdad que las parejas se mimetizan, pero ellos eran de un parecido sorprendente, por lo que muchos rumores comenzaron a crecer en esa pequeña aldea. Sin embargo, y como los rumores viajan más rápido que el viento, de la misma forma en la que nacen se…

La cobija con olor a luna

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Caminaba con las estrellas iluminando sus días y noches. Algunas veces sentía que el pavimento eran las pequeñas nubes que conducían al sueño que siempre buscaba, que anhelaba; mas no encontraba. En sus manos cargaba su casa, su vida y la de los que alguna vez conoció, sólo vagos recuerdos de papel celofán.

Algunas veces los chicles que otros botaban eran los tesoros que se adherían a su andar, haciendo más blanda la miseria que se colaba por los hoyos de sus gastados zapatos, llegando a vestirla y abrigarla de toda esperanza posible. Sin embargo, el brillo de los luceros que envolvían su cabeza se mantenía intacto, era como la flor sobre el basural más inmundo, la huella de barro en el piso limpio.
De noche, cuando la oscuridad le negaba la existencia, se sentía a salvo. No tenía la necesidad de cobijarse de nada, de esconderse. Sólo la luna le entregaba ese poder, la facultad de desprenderse de los deseos mundanos que, por ser de todos, ella hacía propios. Quizás esa era su forma de…

Sin Sangre

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En ese pueblo la sangre emanaba de los cultivos, del pasto e impregnaba el aire. Era difícil no sentirse ahogado cuando el oxígeno enrarecido y podrido subía por las fosas nasales, describiendo una nueva trayectoria en los ya enfermos pulmones.

Algo de virulento salía de los fetos enterrados, del dolor que cubría la tierra con la que habían sido sepultados. Criaturas tan pequeñas nunca han merecido morir, sobre todo porque dejan sin recambio un mundo en el que todo se transa, todo se abandona, todo se pudre.

Los árboles danzaban calmos al son del melodioso viento de primavera, pareciera que fueran los únicos que conservaran la pureza dentro de esa pequeña "Guernica", en la cual la muerte no se veía; más se respiraba, se incrustaba en los brazos, viajando por las venas un torrente de certera decadencia.

Por segunda vez al mes se disponía a dejar que el virus se metiera en el túnel de la aguja, pensaba que con su deceso pagaría la cuota que le correspondía por estar vivo. Qué ext…