Hace ya casi un mes que se hizo realidad lo que fui planeando casi todo el 2017 y con petacas con sobrepeso y todo he llegado a vivir a Buenos Aires. Muchos cuestionaron si estaba tomando la decisión correcta por la situación política que está atravesando Argentina, pero mis ganas de estudiar fueron más grandes que quedarme otro año más en Chile. Sí, hace tiempo que quería poner las neuronas a funcionar de manera más académica y qué mejor que la UBA para eso. Solo el tiempo dirá si estuve en condiciones para tomar este reto- que tiene muchas primeras veces reunidas- pero por ahora estoy feliz, sobre todo con mi nueva casa, ciudad y barrio. Mucho se dice sobre Buenos Aires y casi la mayoría son ciertas: una ciudad enorme (cuando en Santiago solo tenemos Alameda y Panamericana como grandes arterias) con resabios de esa pequeña Europa en latinoamérica. Ya de tan solo mirar que la mayoría de las calles son de un sentido de tránsito da toda una idea de lo grande del espacio. Es un lu...
El fin de semana pasado rompí mi ostracismo y partí, con amenaza de tormenta eléctrica y todo, a estudiar para el CBC en un lugar ameno. Pensé en quedarme en el barrio pues hay de todo, pero me tomé el Subte y fui a depositar mi ser al mítico bar restaurante "El Gato Negro". No pude haber escogido mejor lugar para estudiar y comer al mismo tiempo y es que este maravilloso lugar -bien victoriano, por lo demás- que nada más al entrar te recibe con olor a canela, es el escenario perfecto para pasar un buen rato. Me senté en una mesa del segundo piso, muy arrinconada y con vista a calle Corrientes. Mis tendencias paranoides siempre hacen que escoja las esquinas a los sitios más abiertos, creo que soy más araña que humano. Tomé la carta y no pude dejar pasar un chocolate caliente y un cheesecake de frutos rojos que -según me dijo la agradable chica que me atendió- estaba recién hecho. La maravilla de oda que se dibujó en mi cara al probarlos fue para fotografía, pero no había nin...
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