PRISMA.


Ya no soportaba esta guerra. Las flores de su vestido se enredaban en las líneas de su corbata, su pintura de labios sellaba la inseguridad de su hombría. No sabía hasta dónde llegaría este sentimiento de odio que albergaba para con su esposa, pero si algo estaba claro es que, tarde o temprano, uno de los dos ganaría la estadía en este mundo.

Se miraban todas las noches en el espejo, haciendo zancadillas mentales a sus respectivos reflejos. Maquinando qué forma sería la más certera para acabar con el otro, para borrarlo del mapa y conquistar la paz individual fragmentada en un hogar múltiple, en el que la luz se quebraba y constituía el caleidoscopio de las sombras.
Los vecinos nunca los veían juntos, pero sabían que estaban casados. Es verdad que las parejas se mimetizan, pero ellos eran de un parecido sorprendente, por lo que muchos rumores comenzaron a crecer en esa pequeña aldea. Sin embargo, y como los rumores viajan más rápido que el viento, de la misma forma en la que nacen se esfuman tomando lugar en el humo del tren más cercano.
En la cena no conversaban mucho, es difícil hablar cuando lo que ves de esa persona es sólo una imagen mental inerte, un espejismo sin alma. Cada uno miraba su respectivo plato y hacía rechinar los cubiertos en la loza haciendo entrar en pánico al otro...sus pies nunca se rozaban, por más cerca que estuvieran.
Esta lucha interna por la sobre vivencia estaba llevando al límite los cuerpos de ambos, las flores comenzaban a deshojar sobre el césped, los días se hacían más largos, la luz era más cegadora, el rechinar de los platos causaba un eco más perturbador...ESTO DEBÍA TERMINAR.
En una sola silla estaban sentados los dos. Espalda con espalda sostenían la respiración del otro, pensando quién se asfixiará antes, él se saca los zapatos, ella rasguña con fuerza la tela azul de su vestido. Caen dos horcas del techo y no saben quién se colgará primero.
"Cuál de los dos dará el último paso?"
"No lo sé" contestó ella.
"Ya estoy cansado ¿podrías vivir sin mí?"
"Sí, la personalidad masculina nunca ha ido conmigo. Además, me gustan más mis vestidos floreados que tus corbatas a rayas". Dijo ella antes de oír el crujir de la soga.

GISSE.

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