sábado, 12 de septiembre de 2009

Los colegios no nos sirven a todos? lo patético tras un nuevo 11 de septiembre.


Bueno, jamás un 11 de septiembre me había tocado tan de cerca. No porque el espíritu reencarnado de Augusto Pinochet haya bajado a la tierra, capturando a algún familiar para ejecutarlo por "pensar distinto". Creo, ahora más firmemente, que hay que temerle más a los vivos que a los muertos, son más peligrosos esos "hombres libres" criados en democracia y fuera de los embates de la terrible dictadura, que los mismos militares.

No me gustaría que los milicos salieran a la calle nuevamente (creo que eso representaría una "involución" en nuestro reciente camino como sociedad democrática). Sin embargo, pienso que- de haber salido anoche "sobre sus tanquetas"- el colegio," que tanto esfuerzo costó construir a mi madre junto a muchas otras personas que sí creen en la educación como una puerta abierta para los jóvenes en riesgo social, no habría ardido en llamas.

La pena atravesó mi corazón cuando ví en la televisión las noticias. La "tía Rosita" lloraba por la destrucción del "Semper Altius", los mismos alumnos, mientras limpiaban los destrozos, veían desfilar ante sus incrédulos ojos años de continuo esfuerzo. Yo misma me sorprendí con la garganta apretada mientras veía cómo sacaban los muebles y los libros que mi padre y mi tío, respectivamente, donaron a la biblioteca del colegio...para qué, para qué querer siempre más, si la misma gente no quiere recibir tanto.

Esto ya parece algo sacado de "Farenheit 541", en donde la educación no parecía importante y ardía en las mismas hojas calcinadas de los libros que incineraban. En donde, según una "élite", era obsceno educarse y la cultura no era más que un mero invento para ser concientes, es decir, "peores" personas.

Saben qué, me vale un reverendo huevo si quieren celebrar al "falso mártir", cada uno construye sus ídolos y los festina, pero por qué pasar a llevar en el proceso los sueños y el esfuerzo de la gente que se desvive por entregar un servicio a una sociedad que, al parecer, está opacada por algunos que gustan vivir en el barro.