viernes, 5 de octubre de 2012

Happiness...

Sólo sintió un puñetazo en su estómago. No supo si la aquejó el dolor, todo fue tan rápido, como un soplo caliente sobre sus entrañas.
Siempre supo que la felicidad no era necesariamente gozosa, sino que un espiral doloroso al que se descendía más profundo en la medida de cuánto de ella conquistaras. De momento iba a mitad de camino, tranquila, asumida, pues la tristeza que había sentido toda su vida se cambiaba a un dolor distinto a una escalera más iluminada, pero igual de misteriosa. Se movía con un arma en sus manos, de momento no la quemaba...
Brotes de colores comenzaban a salir de su cabello, iba floreciendo a medida que cruzaba puertas y estaciones dentro es esa dimensión oculta en donde los pies no eran necesarios para caminar. Todo era placentero, salvo la sensación de ardor en sus manos, de picazón incontrolable en los dedos.
Pasaba por lugares en donde la nieve era encarnada por pétalos de cerezos volando en círculos, formando pájaros de papel de alto vuelo, los que salían disparados al cielo al verse encandilados por la pólvora que iluminaba las pecas de sus manos.
Sabía que todo esto debía terminar en algún momento. Todo camino tiene algún final, de qué manera, era lo que no conocía. Se sentía tan plena y fue esa plenitud la que la hizo caer tanto que el camino comenzó a hacerse más pesado, el aire más contaminante, las hojas más pesadas. Esas aves formadas de blancos pétalos se transformaron en alimañas negras que olían sangre y la transportaban, podrida, en las plumas de sus alas.
Volvió a necesitar sus pies para caminar y las afiladas piedras cortaban sus plantas, como si quisieran entrar en su cuerpo para transformarla en una de ellas. Sabía que estaba llegando al final, la pólvora se materializó y esa arma que quemaba comenzó a tentarla.
Sus pecas se hacían oscuras, las flores en su cabello eran lazos que la ahogaban...cómo ardían su manos!!! sus dedos encontraron el camino perfecto de salida. BANG!!! todo terminó.

GISSE.

miércoles, 3 de octubre de 2012

PRISMA.


Ya no soportaba esta guerra. Las flores de su vestido se enredaban en las líneas de su corbata, su pintura de labios sellaba la inseguridad de su hombría. No sabía hasta dónde llegaría este sentimiento de odio que albergaba para con su esposa, pero si algo estaba claro es que, tarde o temprano, uno de los dos ganaría la estadía en este mundo.

Se miraban todas las noches en el espejo, haciendo zancadillas mentales a sus respectivos reflejos. Maquinando qué forma sería la más certera para acabar con el otro, para borrarlo del mapa y conquistar la paz individual fragmentada en un hogar múltiple, en el que la luz se quebraba y constituía el caleidoscopio de las sombras.
Los vecinos nunca los veían juntos, pero sabían que estaban casados. Es verdad que las parejas se mimetizan, pero ellos eran de un parecido sorprendente, por lo que muchos rumores comenzaron a crecer en esa pequeña aldea. Sin embargo, y como los rumores viajan más rápido que el viento, de la misma forma en la que nacen se esfuman tomando lugar en el humo del tren más cercano.
En la cena no conversaban mucho, es difícil hablar cuando lo que ves de esa persona es sólo una imagen mental inerte, un espejismo sin alma. Cada uno miraba su respectivo plato y hacía rechinar los cubiertos en la loza haciendo entrar en pánico al otro...sus pies nunca se rozaban, por más cerca que estuvieran.
Esta lucha interna por la sobre vivencia estaba llevando al límite los cuerpos de ambos, las flores comenzaban a deshojar sobre el césped, los días se hacían más largos, la luz era más cegadora, el rechinar de los platos causaba un eco más perturbador...ESTO DEBÍA TERMINAR.
En una sola silla estaban sentados los dos. Espalda con espalda sostenían la respiración del otro, pensando quién se asfixiará antes, él se saca los zapatos, ella rasguña con fuerza la tela azul de su vestido. Caen dos horcas del techo y no saben quién se colgará primero.
"Cuál de los dos dará el último paso?"
"No lo sé" contestó ella.
"Ya estoy cansado ¿podrías vivir sin mí?"
"Sí, la personalidad masculina nunca ha ido conmigo. Además, me gustan más mis vestidos floreados que tus corbatas a rayas". Dijo ella antes de oír el crujir de la soga.

GISSE.